Comenzaré a partir de ahora, además de continuar haciendo la labor literaria de índole didáctica y apologética que he venido haciendo desde hace ya varios años, colocando a disposición del lector algunos relatos completamente gratuitos, de mi autoría, con el fin de que se conozca y difunda un poco más mi obra. He aquí el primero, de una serie de cuentos cortos y relatos:

La derecha es el bien.

 

“(…) Pero se puede también prescindir de presupuestos institucionales y hablar de una Derecha en los términos de una orientación espiritual y de una concepción del mundo. Entonces ser de Derecha significa, además de estar en contra de la democracia y en contra de todas las mitologías ‘socialistas’, defender los valores de la Tradición como valores espirituales, aristocráticos y guerreros (…) Significa además alimentar un cierto desprecio hacia el intelectualismo y respecto del fetichismo burgués del ‘hombre culto’” Julius Evola. (Ser de Derechas, Artículos evolianos).

Había una vez, en un reino muy oriental cuyo nombre rima con guay, un hombre muy recto y derecho, aunque no muy alto; era un hombre íntegro, de fuertes convicciones y una moral intachable, que tenía unos treinta y cinco años de edad, estaba casado con una humilde y honesta mujer y era padre de ocho hijos. Era un hombre de complexión mediana, con cabellos castaños y ojos verdes, que trabajaba en una oficina, como gerente de una fábrica de pintura. Su nombre: Miguel Biarritz.

Un día fuera de lo común, Don Miguel—por alguna razón extraña—estaba en un helicóptero colgado de una cuerda, pero se soltó y cayó en el mundo subterráneo. Ahí tuvo que corretear escapando de los bichos rojos, unos monstruos realmente muy grotescos, con una piel que parecía dulce de membrillo, pero con un olor putrefacto y repugnante. Pero, ¿cómo Don Miguel había llegado hasta esa terrible situación de tener que huir de esas horrendas y deformes criaturas, que parecían bolsas de arpillera con basura revuelta adentro y ese olor tan inmundo, junto con ese rojo lastimoso a la vista? Lo que había sucedido simplemente fue algo insólito. Ese día, Miguel volvía de la fábrica en su aparatoso automóvil con forma estilizada y de color gris, vestido con su impecable traje del mismo color y corbata azul; cuando un embotellamiento—alrededor de las 1800 horas—lo trancó en la autopista de regreso a su casa. Fue en ese momento que los monstruos bermejos comenzaron a atacar aquella vieja y gótica ciudad llamada Inferencia (en el Departamento de Soriano) y empezaron a destrozar los automóviles, a aterrorizar a la gente y a realizar un montón de fechorías y barbaridades; fue así que Don Miguel llamó por su celular a su viejo amigo y ayudante, el señor Pino Carcarelli, para que lo viniera a rescatar con su helicóptero, y así fue entonces, como el señor Biarritz quedó colgado de la cuerda de rescate del helicóptero del señor Carcarelli, y se soltó—pues se resbaló—y así entonces cayó en el mundo subterráneo y comenzó a correr huyendo de los monstruos rojos, como anteriormente había mencionado.

Y así, el señor Biarritz corrió y corrió hasta que llegó a un basurero y entre unas chatarras viejas encontró un viejo automóvil y se escapó en el mismo, pero no duró mucho en dicho vehículo, porque al enfrentarse contra los bichos rojos chocándolos para intentar matar a algunos, pronto el coche volcó. Afortunadamente él salió ileso del accidente y corriendo fue a buscar otro automóvil que había cerca de allí. Esta vez sí logró escaparse definitivamente, saliendo del horrendo mundo subterráneo—cuya entrada estaba al lado del puente Hortensia de la autopista Oribe, que se dirigía a los suburbios de Inferencia City, donde precisamente vivía el señor Biarritz con su familia—y tomando la carretera; pero en lugar de salir hacia la derecha fue erróneamente—producto de la tensión del momento—hacia la izquierda.

Ahí recordó entonces cuando estaba en su casa con su familia, festejando la Navidad. Entonces, dio marcha atrás con su automóvil prestado y tomó el camino de la derecha. Entonces el hombre gritó: SOY DE DERECHAS. ORGULLOSO DE SER URUGUAYO. Horas después llegaron la Policía Nacional y el Ejército Nacional, unidos en operativos conjuntos, y lograron capturar a muchos monstruos rojos y aniquilar unos cuantos de ellos; y a partir de entonces, fue que se comenzó a utilizar el famoso cartel de tránsito “prohibido doblar a la izquierda”.

 

Lo confirma el Evangelio:

31 »Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34 Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. 35 Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. 36 Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.” 37 Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? 38 ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” 40 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.” 41 »Luego el Rey dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, los que merecieron la condenación; váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Pues tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43 anduve como forastero, y no me dieron alojamiento; sin ropa, y no me la dieron; estuve enfermo, y en la cárcel, y no vinieron a visitarme.” 44 Entonces ellos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o como forastero, o falto de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?” 45 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicieron.” 46 Ésos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»” Evangelio según San Mateo 25: 31-46 (Traducción: D.H.H.).

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